Aunque pueda parecer otra cosa, estoy en clase de contabilidad. Eva, la profe y tutora, nos ha propuesto bajar a la sala de ordenadores para poder adelantar el proyecto que estamos realizando y así no tener tanto trabajo en casa. Como yo ya lo tengo terminado, a la espera de recibir el visto bueno, estoy aprovechando el tiempo para escribir, que me motiva más, por ahora, que la contabilidad.
Antes de empezar la clase, hemos estado hablando sobre qué hacer y cómo celebrar la próxima Diada de Sant Jordi. Es tradición en el Instituto proponer actividades para distraer a los alumnos de sus obligaciones diarias y hacer más llevaderas estas últimas semanas del curso. Con la llegada del buen tiempo, aunque por aquí el sol todavía se resiste a despuntar, la asistencia a clase se hace más cuesta arriba y el deseo por terminar provoca una ansiedad casi incontrolable.
Se han propuesto varias cosas: hacer papiroflexia, un amigo invisible de rosas, un concurso de poesía... Pero, como suele ocurrir en estos casos, lamentalemente, los compañeros se muestran poco participativos y con muy pocas ganas de colaborar. Debe ser un rasgo característico de los estudiantes de Administración y Finanzas, porque somos de los pocos grupos que casi nunca promovemos actividades. Yo, por mi parte, he propuesto explicar la leyenda de Sant Jordi que, aunque poco original, según con la gracia con que se haga, puede resultar muy entretenido. Había que tener en cuenta, además, que el tiempo destinado a estas actividades lúdicas iba a ser breve, así que, algunas de las propuestas se descartaban de forma automática por su poca viabilidad.
Finalmente, no hemos llegado a ningún consenso así que dudo que vaya a hacerse nada extraordinario.
Por otro lado, ese mismo día (23 de Abril) me han de practicar mi segunda extracción de muela de juicio, con lo que tampoco estaré para muchos saraos. Sea como fuere, espero pasar una Diada lo más agradable posible, con rosa, o rosal, y libro incluidos, como manda la tradición.
De momento y, para hacer más agradable la espera, os dejo con esta receta: MAGDALENAS DE CHOCOLATE Y NARANJA. Porque ya tocaba algo dulce.
Ingredientes:
300 gr. de harina
250 ml. de leche
100 gr. de azúcar
1 sobre de levadura
1 huevo
Ralladura de naranja
El zumo de 1 naranja
100 gr. de chocolate en polvo
70 gr. de mantequilla
Elaboración:
Precalentamos el horno a 190 grados.
Batimos la leche, el azúcar, la mantequilla y el huevo.
A continuación incorporamos la harina, junto con la levadura, previamente tamizadas.
Agregamos el chocolate en polvo, la ralladura de naranja y el zumo.
Removemos bien para conseguir una mezcla perfectamente homogénea y rellenamos los moldes.
Horneamos durante unos 30 minutos.
Como siempre, cuando se trata de temperatura de horno y de tiempo de cocción, os recomiendo que toméis estas indicaciones como orientativas ya que cada horno es un mundo y cada uno conocemos el nuestro y su funcionamiento. Por eso, es preferible que, pasados unos 20 o 25 minutos, empecéis a echarle un vistazo a vuestras creaciones, para evitar males mayores. Ya sabéis que yo soy experta en estas lides... Por eso os prevengo.
Espero que os guste.
Que aproveche!!
(P.D. Este post ha sido publicado el día después de haber sido escrito)
Hola a todos, mi nombre es Chusa y soy una desempleada más. Cierto día, cansada del aburrimiento que me invadía y de no saber en qué gastar mi tiempo libre decidí aprender a cocinar. Al principio estaba bien, mi maridito probaba mis platos y me daba su "más sincera opinión" pero, me faltaba algo. Fue entonces cuando pensé en compartirlo con vosotros. Pues bien, aquí estoy, esperando haceros pasar un buen rato con mis anécdotas culinarias.
Bon appétit!!
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jueves, 19 de abril de 2012
viernes, 26 de marzo de 2010
MAGDALENAS
En esta ocasión se me
ocurrió que podría probar con la repostería y, que mejor manera de empezar que
con unas tiernas y riquísimas magdalenas.
Me
proponía superar a las que venden en la "Pastisseria Rossell" de mi
pueblo, Sant Sadurní d'Anoia, pero no lo conseguí. Con ello no quiero decir que
el resultado no fuera bueno porque, increíblemente, lo fue, es sólo que no
conseguí esa textura esponjosa y melosa que tienen las magdalenas de can
Rossell. Imagino que todo será cuestión de práctica.
Ingredientes:
250
gr. de harina
200 gr. de azúcar
2 cucharaditas de
levadura
Ralladura de naranja
2 yogures de vainilla
100 gr. de mantequilla
1 huevo grande
Elaboración:
1. Mezclar los
ingredientes secos: la harina, el azúcar, la levadura y la ralladura de naranja.
2. Mezclar los
ingredientes húmedos: los yogures, el huevo y la mantequilla, previamente derretida a fuego lento.
3. Unir ambas mezclas
sin batir demasiado.
4. Dejar reposar la masa
en la nevera durante unos 30 minutos.
5. Transcurridos los 30
minutos, sacar la masa de la nevera y batir. Poner la masa en una manga pastelera para
facilitarnos la tarea de rellenar los moldes.
6. Rellenar los moldes
de magdalena hasta sus 2/3 partes.
7. Hornear durante unos
20 minutos en el horno pre-calentado a 180 grados.
Antes de empezar con la
elaboración de esta receta, me aseguré de contar con todos los ingredientes.
Bien, no me faltaba nada, a excepción de los yogures de vainilla, que no fui
capaz de encontrarlos en el supermercado.
En un primer momento
pensé en substituirlos por flanes de vainilla, que sí tenía en la nevera pero,
reflexioné unos instantes y llegué a la conclusión de que la consistencia del
yogur, así como su composición, no es la misma que la de un flan, y deseché la
idea. En la nevera tenía yogures de varios sabores con lo que tenía que elegir
aquellos que tuvieran un suave sabor para que no alteraran demasiado el
resultado final de la receta.
Me decidí por los de
limón, que es un sabor que siempre me ha encantado y me puse manos a la obra.
La elaboración de la
masa para mis magdalenas se desarrolló con toda normalidad. Tal y como ya os he
recomendado, había leído la receta varias veces, la tenía a mano para poder
consultarla en caso de necesidad, y tenía todos los ingredientes preparados.
El problema surgió en el
momento de echar mano de la manga pastelera. Horror!! No tenía manga pastelera.
¿Qué hacer? Que no cunda el pánico. La masa resultante de la combinación de
todos los ingredientes no era demasiado espesa así que, perfectamente, podría
irla abocando en los diferentes moldes con la ayuda de una cuchara sopera. Así
lo hice. Después de pringar media cocina el resultado no puedo ser mejor: once
exquisitas magdalenas, tiernas y doraditas que decían: ¡Comedme, comedme!
P.D. En la cocina, como
en otras circunstancias de la vida, es importante disponer de recursos para
hacer frente a las dificultades.
Etiquetas:
huevo,
magdalenas,
yogur
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