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jueves, 19 de abril de 2012

MAGDALENAS DE CHOCOLATE Y NARANJA

Aunque pueda parecer otra cosa, estoy en clase de contabilidad. Eva, la profe y tutora, nos ha propuesto bajar a la sala de ordenadores para poder adelantar el proyecto que estamos realizando y así no tener tanto trabajo en casa. Como yo ya lo tengo terminado, a la espera de recibir el visto bueno, estoy aprovechando el tiempo para escribir, que me motiva más, por ahora, que la contabilidad. 

Antes de empezar la clase, hemos estado hablando sobre qué hacer y cómo celebrar la próxima Diada de Sant Jordi. Es tradición en el Instituto proponer actividades para distraer a los alumnos de sus obligaciones diarias y hacer más llevaderas estas últimas semanas del curso. Con la llegada del buen tiempo, aunque por aquí el sol todavía se resiste a despuntar, la asistencia a clase se hace más cuesta arriba y el deseo por terminar provoca una ansiedad casi incontrolable. 

Se han propuesto varias cosas: hacer papiroflexia, un amigo invisible de rosas, un concurso de poesía... Pero, como suele ocurrir en estos casos, lamentalemente, los compañeros se muestran poco participativos y con muy pocas ganas de colaborar. Debe ser un rasgo característico de los estudiantes de Administración y Finanzas, porque somos de los pocos grupos que casi nunca promovemos actividades. Yo, por mi parte, he propuesto explicar la leyenda de Sant Jordi que, aunque poco original, según con la gracia con que se haga, puede resultar muy entretenido. Había que tener en cuenta, además, que el tiempo destinado a estas actividades lúdicas iba a ser breve, así que, algunas de las propuestas se descartaban de forma automática por su poca viabilidad. 

Finalmente, no hemos llegado a ningún consenso así que dudo que vaya a hacerse nada extraordinario. 

Por otro lado, ese mismo día  (23 de Abril) me han de practicar mi segunda extracción de muela de juicio, con lo que tampoco estaré para muchos saraos. Sea como fuere, espero pasar una Diada lo más agradable posible, con rosa, o rosal,  y libro incluidos, como manda la tradición. 

De momento y, para hacer más agradable la espera, os dejo con esta receta: MAGDALENAS DE CHOCOLATE Y NARANJA. Porque ya tocaba algo dulce.

Ingredientes:

300 gr. de harina
250 ml. de leche
100 gr. de azúcar
1 sobre de levadura
1 huevo
Ralladura de naranja
El zumo de 1 naranja
100 gr. de chocolate en polvo
70 gr. de mantequilla

Elaboración:

Precalentamos el horno a 190 grados.

Batimos la leche, el azúcar, la mantequilla y el huevo.

A continuación incorporamos la harina, junto con la levadura, previamente tamizadas.

Agregamos el chocolate en polvo, la ralladura de naranja y el zumo.

Removemos bien para conseguir una mezcla perfectamente homogénea y rellenamos los moldes.

Horneamos durante unos 30 minutos.

Como siempre, cuando se trata de temperatura de horno y de tiempo de cocción, os recomiendo que toméis estas indicaciones como orientativas ya que cada horno es un mundo y cada uno conocemos el nuestro y su funcionamiento. Por eso, es preferible que, pasados unos 20 o 25 minutos, empecéis a echarle un vistazo a vuestras creaciones, para evitar males mayores. Ya sabéis que yo soy experta en estas lides... Por eso os prevengo.

Espero que os guste.

Que aproveche!!

(P.D. Este post ha sido publicado el día después de haber sido escrito) 



martes, 13 de abril de 2010

BROWNIE DE CHOCOLATE

Hoy es martes y trece, lagarto, lagarto, como dirían muchos pero yo, que no creo en las supersticiones, he decidido indagar en la red para averiguar a qué extraña razón se debe la superstición por este día. Y esto es lo que he encontrado:

< La superstición de que, cuando se sientan trece comensales a la misma mesa, uno de ellos morirá (al lavantarse), siempre se ha puesto en relación con la Última Cena, aludiendo al Judas Iscariote como el número trece. La superstición de que el “Freitag, den Dreizehnten” (en español “martes y trece”) es el día en que suceden desgracias, día funesto y aciago, surgió en el mundo cristiano de la combinación del número 13, que corresponde al apóstol que traicionó a Jesús, con el viernes, día en que Jesús fue crucificado (Viernes Santo).

En todas las altas culturas, el número 12 es el número cósmico, divino, número que representa el transcurso del tiempo en años de 12 meses. De modo que todo lo que se sobrepase este sistema duodecimal desbarata la configuración del universo. El número 12 es el número que simboliza el orden y la estabilidad del universo: 12 dioses, 12 signos del zodiaco, 12 meses, 12 horas, 12 tribus de Israel, 12 apóstoles. El 13 saca de quicio este sistema "duodecimal". Con el número 13 entra en acción el mal, el demonio, un elemento destructor. Lo que era "símbolon" (unión) se convierte en "diábolon" (desunión).

La superstición del número 13 no parece remontarse más allá del siglo XVII. No tenemos testimonios de la Edad Media que prueben la existencia de la superstición del número 13. Al contrario, el número 12 combinado con un número más da 13 y con ello adquiere una fuerza positiva, la capacidad de crear algo nuevo. Por ejemplo: doce monjes y un abad pueden fundar un convento. Algo parecido parece que existía ya en el derecho germano: doce jurados y un juez podían formar tribunal.

En la historia de Israel: el día trece del mes doce del año doce del reinado de rey Jerjes (486-464 a.C.) estaban todos los judíos condenados a muerte, la intervención de Ester impidió el genocidio.
En contexto cultural cristiano, el número 13 es el número funesto y aciago. Se suele poner en relación con la Última Cena, en la que estaba Jesucristo con los doce apóstoles. El trece se referiría a Judas. El viernes es el día de la semana en que fue crucificado Jesucristo (Viernes Santo).
En las culturas orientales, el 13 era un número divino.
En La Bella Durmiente, de los hermanos Grimm, la hija del rey quedó condenada a dormir cien años porque sus padres sólo tenían doce platos de oro y así no pudieron invitar a el hada número trece para celebrar el nacimiento de la hija.
En la mitología griega, doce dioses del Olimpo se reúnen y se olvidan de invitar a Eris, la diosa de la discordia. Para vengarse, Eris arroja la manzana de oro para “la más bella”. La discordia sobre cuál de las diosas era la más bella, provocó la guerra de Troya.
Pero incluso en la simbología cristiana no siempre tiene el número 13 ese carácter negativo y funesto. Por ejemplo, las Trinidad + los Doce Mandamientos suman en total 13; los doce discípulos de Jesús + el Maestro = 13.
En Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania, el viernes 13 es el día aciago por excelencia, en otros, como España, esa fecha es el martes 13. Sobre el martes y trece tenemos varios proverbios:
En martes y trece, ni te cases ni te embarques.
El martes era el día del dios Marte, el dios de la guerra, entre los romanos. El viernes el día de la diosa Venus. Por tanto eran los días consagrados a estos dioses los días aciagos de la semana.
El número 13, combinado con días como el martes o el viernes como días maléficos, proviene, en la tradición cristiana, de la Sagrada Cena o Última Cena en la que se reunió Jesús con sus doce apóstoles, uno de los cuales, Judas, le traicionaría. El viernes es además el día en que fue crucificado Jesucristo. Para algunos teólogos, sin embargo, el número 13 no debería ser un número fatal sino más bien benéfico, ya que si Judas no hubiera traicionado a Jesucristo, no se hubiera cumplido el plan de salvación y redención de la humanidad mediante la muerte de Cristo. En la Última Cena, Jesús, sabiendo que Judas le habría de traicionar, moja el bocado en el plato y se lo pasa a Judas: "Lo que has de hacer, hazlo pronto" (Jn.13:21-30). >
Bueno, esto son algunas de las teorías que he podido leer en la red.
Supersticiones a parte, creo que hoy es un buen día para hacer este riquísimo brownie de chocolate que, como en otras ocasiones, también me causó algún que otro problemilla.
Era un frío día del mes de Febrero cuando decidimos obsequiar a nuestros amigos con una rica comida para inaugurar nuestro recién estrenado hogar (no recuerdo si os había comentado que recientemente nos mudamos a vivir a Sant Sadurní d'Anoia). Como era la primera ocasión en que iba a cocinar para ellos pensé en sorprenderlos con una original receta. Busqué por internet, y tras descartar varias opciones, encontré lo que estaba buscando: "Pollo caramelizado con Salsa Bigarde". "Mmmmm, qué rico, pensé, sin duda, con este suculento plato les dejaré boquiabiertos". Pero este será motivo de otra entrada en el blog. Ahora vayamos al brownie.
No contenta con deleitarles con un primero de infarto, se me ocurrió la genial idea de elaborar un postre exquisito.


Ingredientes para 6 personas:
100 gr. de harina
110 gr. de azúcar
4 huevos
100 gr. de nueces peladas
125 gr. de chocolate para postres
125 gr. de mantequilla


Elaboración:
Precalentamos el horno a 180 grados
Batir los huevos e incorporar el azúcar. Seguir batiendo hasta conseguir una mezcla cremosa.
Añadir la harina tamizada (pasar la harina por un colador) y mezclar muy bien.
Fundimos el chocolate, previamente troceado, al baño maría (en un cazo ponemos agua a hervir e introducimos otro recipiente que contenga el chocolate, el calor del agua irá fundiendo el chocolate poco a poco).
Una vez fundido el chocolate, añadimos la mantequilla y la fusionamos con el chocolate.
Añadimos la crema de chocolate al batido de huevos y mezclamos muy bien.
Incorporamos las nueces machacadas y vertimos la preparación en un molde engrasado.
Horneamos durante 15 min.

Esta vez, no podía ser de otra manera, algún misterioso duendecillo se había colado en mi cocina para impedir que las cosas salieran bien.
Transcurridos los 15 minutos de horno me dispuse a desmoldar el brownie, ilusionada porque su aspecto y grosor eran inmejorables. "Esta vez he triunfado", me dije pero, oh sorpresa!! Cuando desmoldé mi brownie para emplatarlo, todo ese grosor se vino a bajo en cuestión de segundos y, con él, mi autoestima, tan ensalzada minutos antes.
Como una buena cocinera debe tener recursos para todo, no me amilané ante esta pequeña adversidad. Coloqué de nuevo el brownie en su molde, recomponiéndolo como buenamente pude, y lo introduje de nuevo en el horno para darle tiempo a que la masa se hiciera debidamente. Transcurrido un tiempo prudencial, volví a sacar el brownie del horno, lo desmoldé y... "Cómo es posible? Sigue igual, no puede ser!!". Aunque es importante crecerse ante las adversidades, en esta ocasión opté por desistir. Coloqué el "brownie" en su bandeja y, humildemente, se lo di a probar a mi marido quien, a pesar de su terrorífico aspecto, me dio el visto bueno.
Desesperada porque no tenía postre que ofrecer a mis invitados, era viernes por la tarde y ya no me quedaban ingredientes para intentarlo de nuevo, llamé a mi hermana quien se presentó, al día siguiente, con una deliciosa tarta de piña hecha por ella misma.
La comida fue todo un éxito.